2017, Escritura

Pira

¡Hola! Suelo publicar los jueves, pero he encontrado este relato, corregido hace poco, y creo que es hora de darlo a conocer al mundo. Intenté varios concursos con él pero no hubo suerte. Así pues, lo comparto con vosotros. Es un poco extravagante, un poco ida de olla, en definitiva, un poco yo. ¡Comentadme que os parece! Aviso es un poco largo. ¡Gracias!


El cielo comenzaba a llenarse del humo de las fábricas que comenzaban su trabajo matutino. De la ciudad salían personas altas, bajas, delgadas, regorditas, con partes animales, con aspecto de seres mitológicos, extravagantes en todos los sentidos. No había ninguna idéntica y eso que eran miles. Algunos grupos coincidian en los colores de sus prendas que significaban que eran de la misma fabrica. La ciudad era laberíntica, asimétrica y se extendía más allá del horizonte como si fuera infinita. Los colores se mezclaban y no había orden ni concierto en la altura de los edificios ni en su tamaño, desde el tamaño de un dedal hasta altos rascacielos. El sol, con sus brazos verdes, se elevaba perezoso sobre campos coloridos y flores de distintos tipos. Unas comunes, otras híbridas.

Un portal se abrió cerca de una de las fábricas y una figura más alta aún que los habitantes de la ciudad salió de él. Se sacudió con las dos manos la túnica amarilla que vestía y suspiró. Empezaba a creer que su escritor no tenía otra cosa que hacer que darle trabajo.

Observó las fábricas y buscó con la vista las que le tocaba visitar ese día. La más cercana, era de una arquitectura que por fuera parecía imposible. La base era una pirámide de base cuadrada. Sobre ella una bola perfecta, un poco más pequeña que la pirámide, suspendida sobre su cúspide. Cualquiera, pensó, podría soplar y pensar que se caería. Pero no lo haría, no en aquel mundo pintoresco. Sigue leyendo “Pira”

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